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“Me llamo Isabel y tengo 76 años, Me quedé viuda hace cuatro años, camino de cinco ya. Mi Antonio era cartero, sabe usted, era unos años mayor que yo, pero estaba muy bien, todos nos quedamos sorprendidos cuando un día no se despertó. Tenía 75 años, llevaba diez jubilado y tenía una pensión regularcita, no es que tuviéramos para tirar, pero si para darle algo a los nietos los domingos, y para que los hijos vinieran a comer a casa de vez en cuando, ¡ah! y yo para comprarme algún trapito, que siempre me ha gustado ir bien puesta, los dos, mi Antonio y yo, sin lujos pero arreglaos.
Pero desde que falta mi Antonio, hija, con lo que me ha quedado, es que no tengo para nada. Le cuento: el cobraba algo mas de 900 euros, pero si a eso le quitas casi de la mitad, ¡ es que no te queda nada ¡ Mi hija me arregló los papeles en la Seguridad Social, y al final me dan algo mas de 500 euros, pero vamos que después de pagar la luz (con lo que ha subido), el gas (y eso que yo ni pongo los radiadores: el brasero y dos batas), los gastos del piso, lo de Santa Lucía … es que me queda lo justo para comer y por que una come poco, que si no, ni eso. El teléfono lo he quitado, sabe, mi hija, que es muy buena, me ha comprado “un móvil” con las teclas muy grandes para que yo las vea, y es ella la que paga las facturas.
Ahora estoy muy preocupada, sabe usted, porque verá, yo tengo azúcar y tensión y tomo muchas pastillas, y he oído decir que los viejos vamos a tener que pagar las medicinas, y digo yo ¿con qué?, decía un ministro o un diputado, que dejáramos el cafecito del bar, y que con eso nos pagáramos las medicinas, ¡pero si yo no he entrado en un bar desde que se murió mi Antonio! Mire, a quién dice esas tonterías les daba yo mis 500 euros para pasar un mes y a ver que hacía.
Yo la verdad es que no se donde vamos a ir a parar, mire, yo he pasado épocas muy malas, he trabajado mucho, en casa y en el campo, por que sabe, yo soy de un pueblo de Orense y desde bien pequeña y hasta que me vine a Madrid- que ya tenía yo a mis dos hijos- trabajaba en el campo igual que los hombres aunque nadie pagaba por mi, (me señala la mano donde le faltan dos dedos que se cortó con una hoz) y pensé que ahora de vieja, las cosas iban a ser distintas, que iba a tener quién me cuidara cuando lo necesitara, con eso de la Ley de Dependencia, pero por lo visto eso también se ha quedado en agua de borrajas, y si algún día me quedo inútil tendrá que ser mi hija la que se ocupe de mi, como tuve que ocuparme yo de mis padres hasta que los pobres pasaron a mejor vida, y es duro, se lo digo yo, que se les quiere mucho y se hace de corazón, pero el peso cae en las espaldas y mi Antonio era muy bueno, pero decía que eso eran cosas de mujeres y lo mas que hacía era jugar a tute con el abuelo cuando todavía tenía la cabeza buena.
El prefería ocuparse de los nietos, con ellos ha jugado mas que con sus hijos, ha tenido más tiempo, como ya no trabaja, le servían para entretenerse, los sacaba al parque, los llevaba de paseo, y así me dejaban a mí seguir con mis tareas, que nosotras nunca nos jubilamos…
Bueno hija, que te estoy aburriendo, que las viejas hablamos mucho, y no contamos nada mas que penas, pero es que las mujeres de mi generación no es que tengamos muchas cosas buenas que contar, no hemos tenido mucha suerte en la vida que nos ha tocado vivir y lo malo es que a vosotras que tenías otro futuro, la cosa también se os está torciendo…."



La pérdida de un cónyuge en España supone un descenso del 22% de los ingresos para los hombres y del 44% para las mujeres, lo que coloca a las viudas españolas entre las más pobres de Europa.
Gran parte de las mujeres viudas pertenecen a las generaciones que no han trabajado fuera del hogar o que si lo han hecho, no ha sido un trabajo reconocido legalmente y nunca han cotizado por ellas. Por ello no disponen de una pensión de jubilación y dependen en muchas ocasiones solo de la pensión mínima.
La pensión de viudedad es muy inferior a la pensión de jubilación, por lo tanto son las mujeres las que más se ven afectadas económicamente al quedarse en esta situación. En España, solo el 26% de las viudas cobra pensión de jubilación frente al 88% de los viudos. Para contrarrestar los efectos de esta situación económica tanto en España como en el resto de países mediterráneos e Irlanda es frecuente que las mujeres viudas compartan vivienda con los hijos o algún otro familiar. Contribuye a esta situación de convivencia con familiares la estructura familiar en los países mediterráneos y la escasa red de residencias públicas.
En la actualidad para calcular las pensiones de viudedad se toma en España el 52% de la base reguladora.
La situación económica actual ha llevado al gobierno a incluir en su política de “ajustes” el aplazamiento de la mejora en la pensión de viudedad que afecta especialmente a mujeres puesto que hay un 44,5% de ellas que son viudas frente a solo un 12,2% de los hombres.
La pérdida de poder adquisitivo que van a seguir sufriendo las pensiones igualmente perjudica especialmente a las mujeres puesto que, como media, la pensión que reciben es más baja que la de los hombres (aproximadamente el 61% de la que perciben como media los pensionistas masculinos) y hay muchas más mujeres pensionistas en situación precaria, de pobreza o exclusión: algo más del 70% de quienes reciben las más bajas pensiones no contributivas son mujeres.
La moratoria en la puesta en marcha de la ley de dependencia supone asimismo un perjuicio y una carga adicional principalmente para las mujeres puesto que son mujeres la inmensa mayoría de quienes asumen la tarea de cuidar a las personas dependientes fuera (casi el 95% en el caso de las auxiliares de las residencias) o dentro de sus domicilios o familias (en más o menos la misma proporción).
El nuevo sistema de co-pago de medicamentos supone una nueva merma en los ingresos de los pensionistas que tendrán que adelantar unas cantidades que luego se supone les serán devueltas, salvo un mínimo, en algún momento, en algún lugar, y por algún sistema por determinar tras aportar las facturas debidas; recordemos que hablamos de personas mayores y no todas en las mejores condiciones. Este sistema será valido igualmente para el transporte sanitario no urgente y las prótesis externas.
La crisis afecta a todos los colectivos pero sin duda habría que tener especial sensibilidad ante aquellos que incluso en épocas de bonanza han permanecido olvidados y a los que circunstancias como las actuales pueden llevar a situaciones insostenibles.


María Cristina Punzón Suero
18.5.2012



Me parece buenisimo tú articulo. Además me sugiere la posibilidad de realizar como actividad feminista, solidaría, social....no se cómo denominarlo de incorporar voces de mujeres que no acceden a las nuevas tecnologías y cuya experiencia es imprescindible.

Silvia Serrano