"El principio regulador de las actuales relaciones entre los dos sexos –la subordinación legal del uno al otro- es intrínsecamente erróneo y ahora constituye uno de los obstáculos más importantes para el progreso humano; y debiera ser sustituido por un principio de perfecta igualdad que no admitiera poder ni privilegio para unos ni incapacidad para otros".

John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill

El sometimiento de la mujer 1869

Con esta frase de Stuart Mill comienzo mi artículo, 1869-2012 este párrafo sigue estando vigente porque aún no se ha llegado al final del camino, seguimos teniendo obstáculos para el progreso humano. Lo extraordinario de su obra a favor de la mujer es, además de las ideas que aporta, su naturaleza masculina.

Repasando la historia del feminismo el primer hombre que es consciente de que la mujer tiene que tener el mismo lugar que el hombre, es Stuar Mill, porque reconoce el valor de cada persona independientemente de su sexo y lo defiende.

Tuvo una visión sobre el individualismo muy clara. John Stuar Mill abogaba firmemente por la libertad individual y en la justicia como instrumentos necesarios para conseguir la igualdad de derechos y una posición social estable, no condicionada por la despótica subordinación. J.S.Mill era consciente de que “en nombre de la filantropía, la democracia y la igualdad se estaba creando una sociedad en la que la mayoría de los hombres era un simple ‘rebaño industrioso’ donde la ‘mediocridad colectiva’ iba ahogando poco a poco la originalidad y la capacidad individual”. Precisamente, su compromiso estribó en luchar por la vuelta a la individualidad, al reconocimiento del valor que tenía cada persona. No obstante, comprendió que sería imposible alcanzar estos objetivos si no defendía al individuo frente a las fuerzas sociales que lo “despersonalizaba”.

El primer argumento de S.Mill, muestra como la igualdad de los sexos beneficia a la sociedad en su conjunto, es el que postula que dicha igualdad es una condición necesaria para el desarrollo de la competencia moral de la humanidad. También piensa que para establecer una autentica democracia exige un notable cambio del carácter humano fundamentalmente un desarrollo de lo sentimientos sociales y solidarios, frente al egoísmo e insolidaridad actuales.

Una de las luchas que mantuvieron las sufragistas fue el querer desactivar los ancestrales perjuicios que se mantenían sobre la condición femenina y conseguir redefinirla como una condición humana.

Mill piensa, que el problema central en torno al prejuicio patriarcal, la dominación de un sexo sobre otro aparece como algo natural y algo a lo que las mujeres consienten, además con la peculiaridad de que los amos no sólo quieren su servicio y obediencia quieren además sus sentimientos.

La mujer ha sido educada en la creencia de que el ideal de su carácter es opuesta a la del hombre, se les enseña a no tener iniciativa y a no conducirse según su voluntad consciente, sino a someterse y a consentir en la voluntad de lo demás, debe negarse completamente así misma y no vivir más que para los afectos. Las mujeres se convierten en patrimonio o reserva moral de la humanidad en su conjunto y de cada varón en particular.

En las sociedades modernas en cuestión le legislación se ha avanzado bastante, pero en el ámbito familiar, es donde estamos anclados aún en el pasado y sobre el cual hay que seguir trabajando, esto sólo se puede conseguir cuando la mujer en primer lugar, sea consciente de su necesidad y el varón de reconocer, implicarse, comprometerse como necesidad primordial para su evolución.

Cuando hemos trabajado sobre los hábitos sociales, hemos hecho un ejercicio de reflexión y nos ha llevado a damos cuenta que a pesar del paso del siglo y medio desde la obra “The Subjection of Women” y de otras sobre la necesidad de igualdad seguimos repitiendo los mismos estereotipos y roles.

Por ello tenemos que construir una base y desde ahí, trabajar para deshacer los errores aprendidos, construir un nuevo modelo de sociedad donde la igualdad sea real y efectiva en todos los ámbitos y para ello tenemos que ser conciente de quien somos y porque.

Si nos analizamos con un mínimo de detalle observamos que somos el producto de nuestras creencias, estas heredadas en parte por nuestra familia, tradiciones, conocimientos, religiones, temores, prejuicios, supersticiones, opciones y puntos de vista y complementadas por nuestras experiencias de vida.

Si fuéramos conscientes nos percataríamos de que somos un subproducto de lo que otros pensaron, dijeron e hicieron por nosotros sin preguntarnos.

¿En que nos diferenciamos unos de otros como individuos? En la información que llevamos incorporada en nuestro cerebro, es una serie de creencias que depositaron en nuestra mente.

Pensamos con lo que sabemos y decimos lo que pensamos, pero la información que tenemos en nuestra mente está instalada ahí desde niños y en el transcurso de nuestra vida, interiorizando conceptos que forman parte de nuestras creencias más profundas que nunca cuestionamos asumiendo el cien por ciento de su veracidad. ¿Pero seríamos el mismo individuo si hubiéramos nacido en otro país con otra cultura?.

Sólo porque todos lo creemos, nuestro mundo se ha convertido en lo que nos han inculcado y enseñamos lo que nos enseñaron, estamos inmersos en un sistema educativo para conseguir unos propósitos y muchos de los conceptos que tenemos son prestados, de lo que leemos, lo que oímos, lo que nos influyen a través de los medios de comunicación que nos manipulan y nos impiden pensar con claridad y olvidando que somos seres inteligentes e individuales.

A partir de esta realidad, la mujer tiene que desmontar todas las creencias que le fueron inculcadas y ser consciente de que somos personas, individuos iguales y por consiguiente tener los mismos derechos y libertades que otros.

Por eso tenemos que despertar la conciencia tanto individual como colectiva, para ir avanzando y crear una nueva sociedad de co-creación, una nueva era, una nueva ilustración.
La conciencia es la base de la vida, es lo que se transforma y nos permite despertar, después de este despertar se inicia el proceso de asimilar e integrar.
Para iniciar su trabajo de despertar, el sujeto necesita de la ayuda de un tipo de conocimiento especial, el conocimiento de su propia estructura, así como el conocimiento sobre cómo conocerse, que hacer….., que buscar, como conducir su propia vida de tal manera que contribuya a su propio desarrollo.

Si no somos conscientes de porque sentimos y pensamos es que no somos libres, la peor de la esclavitud es creer ser libre cuando no lo eres, estar en una cárcel en la que no vemos los barrotes.
Comienza un despertar social y otro personal, los dos deben darse a la par, sin los dos no puede haber una integración en la creación de algo más positivo.

“El hombre es una máquina, un autómata de reacciones…”No podemos conocernos a nosotros mismos porque no sabemos que estamos dormidos incluso cuando creemos que estamos despiertos.El hombre esta bajo muchas influencias inconscientes, por lo tanto, el ser humano no es libre.George Ivanovich Gurdjieff (1872-1949)

“Abrir los ojos del conocimiento a aquello que estaba velado por la ignorancia”














Pongo mi esperanza en los hombres que están abriendo los ojos y en las mujeres que miramos a través de las gafas violetas.





Carmen Romero Zarco Mayo 2012