GÉNERO, SEXO Y RAZÓN
Este artículo es una reflexión y un comentario basado en algunos aspectos de la lectura del capítulo Sociología de las Mujeres. Las mujeres en la sociología del libro Cambios y oportunidades de las mujeres de Mercedes Alcañíz Moscardó, material que corresponde a los contenidos de los temas 1 y 2 de la asignatura.
No sé si lo habéis leído, porque aunque bastante filosófico a mí me ha parecido muy interesante. En dicho texto se nos dice que con las sociedades y las transformaciones actuales se ha potenciado la individualización, en su significado de autonomía y de libertad individual, por lo que la vida de las personas es ahora reflexión y autorrealización, frente a la construcción anterior que estaba marcada por la tradición y el desempeño de roles adscritos según el género o la posición social.
Antes, la sociología no hacía ninguna referencia a las mujeres. No se las consideraba un actor social, y es Marianne Weber, socióloga y feminista alemana la que a principios de siglo XX, elaboró un proyecto teórico sobre la sociología desde una perspectiva de la mujer, mostrándose contraria a la autoridad marital y abogando por un matrimonio igualitario.
A finales de siglo XIX hubo varios autores como Emile Durkheim que soltaban perlas como las siguientes:
“El volumen del cráneo del hombre y la mujer, incluso cuando se comparan sujetos de la misma edad presenta considerables diferencias a favor del hombre y esta desigualdad va igualmente en aumento con la civilización, de manera que, desde el punto de vista de la masa cerebral y por consiguiente de la inteligencia, la mujer tiende a diferenciarse cada vez más del hombre”.
“Las mujeres se suicidan menos porque para ellas el estar casadas es un protector frente al suicidio, es una fuente de mantenimiento del equilibrio psíquico”.
Afirmaciones como esta son las que han hecho perpetuar todo el sistema de patriarcado y dominio del varón sobre la mujer, y yo creo que son la base de toda la violencia y toda la desigualdad que existe hoy en la sociedad. Durkheim consideraba que la división social del trabajo hombre-mujer, público-privado se basaba en la desemejanza de naturaleza de los hombres y las mujeres, y que esta división sexual del trabajo era la fuente de la solidaridad conyugal.
Decidme si estas misóginas afirmaciones no tienen que ver todavía hoy con las relaciones de poder que existen entre muchas parejas. Ese sometimiento que se manifiesta en una negación de la subjetividad de las mujeres como persona individual.
Pues claro que la modernidad y las nuevas sociedades han potenciado esa autonomía y esa propia reflexión. No podía ser de otra manera. Las nuevas tecnologías, la globalización, la cultura y las interacciones sociales han provocado esa ola de autorrealización, de saber, de realidad, de verdad. El miedo es fruto de la incultura, de la negación, del aislamiento, de la ignorancia, y eso es algo en lo que las religiones siempre han influido.
No son casualidad los cambios que se están produciendo en los países africanos, Libia, Egipto, Siria, Túnez….Es debido a esos cambios sociales, a esas nuevas mentalidades, a esa nueva búsqueda de nuevas democracias, de derechos y de libertades.
Y entre hombres y mujeres también hay que buscar esos cambios. Modificar esa sinrazón que a veces nos acecha. Cuando veo toda la violencia ejercida contra las mujeres, pienso ¿Qué posible solución tiene? ¿Por qué sigue ocurriendo? Y entonces busco posibles causas.
Si nos paramos a pensar, hombres y mujeres somos muy diferentes físicamente. No debemos generalizar, pero sí que es verdad que el género masculino tiene biológicamente más fuerza y más agresividad (en potencia). En todos los casos de violencia tienen que ver las bajas pasiones humanas, las más irracionales: los celos, el odio, el amor?, la posesión. Y la base de ese control o ese dominio es la razón. Lo que nos diferencia de otros animales. Lo que pasa es que cuando es la irracionalidad la que domina, entonces somos bestias, no somos humanos, y nos pueden los impulsos y las reacciones más incomprensibles. La atracción sexual es una de esas irracionalidades animales, y causa de muchas de las situaciones descritas.
El cortometraje Te doy mis ojos de Íciar Bollaín trata de un caso de violencia y ves como un grupo de hombres forman parte de un proyecto de ayuda psicológica para estos casos, pero nos hace ver que a pesar de la voluntad y el empeño que el protagonista pone en su control, no es capaz de hacer frente a esos ataques de celos y a ese sentimiento de posesión.
No sé si es cuestión de educación o de personalidades o de qué, pero es muy complicado de comprender y de analizar y no digamos ya de solucionar.
Recientemente en la 2 de TVE hicieron una película/documental titulado El sexo de los dinosaurios. Y aunque se centra básicamente en la atracción sexual que ejerce la mujer sobre el hombre, no deja de ser interesante desde el punto de vista sociológico. Es bastante divertido, aunque no sé si quizá un poco machista. Explica, entre otras cosas, la evolución del cuerpo de la mujer y sus cambios fisiológicos que la propia naturaleza ha provocado para agradar al hombre. Eso es evidente. Y luego acaba haciendo una reflexión, que sin ánimo de querer defender a los maltratadores, creo que es como mínimo inquietante. Dice que aunque hay muchas mujeres que mueren a manos de los hombres, de esos casos hay muchos que ellos mismos también mueren porque se suicidan. Y que en el caso de separación se suicidan muchos más hombres que mujeres. Es decir, que pone a los hombres como víctimas mismas de las mujeres o del poder básicamente sexual que sobre ellos ejercen, y acaba concluyendo que mueren más hombres que mujeres al año por causas sentimentales.
Pero yo creo que aunque el suicidio no tiene solución ni vuelta atrás, es menos traumático que estar sufriendo durante años maltratos físicos o psicológicos, o padecer las graves secuelas que algunas mujeres tienes de por vida, y eso no lo han tenido en cuenta, porque ellas sí quieren vivir y seguir adelante.
Durkheim decía que las mujeres se suicidaban menos porque el matrimonio les daba seguridad. Pues claro que les daba seguridad, y posición y manutención y protección, como si la sociedad les diese, en aquel entonces, alguna otra opción, vamos.
Pero no es eso lo que una persona busca. Actualmente, si optamos por el matrimonio o la convivencia es porque queremos, pero ante todo están los individuos y las individuas (esta última palabra sin connotaciones negativas), sin negarnos como personas. Somos seres humanos capaces de desarrollar nuestra personalidad y capacidades en la vida.
En películas como Las horas o Remington Road, se analiza la mentalidad de mitad del siglo XX, la que describe Betty Friedan en La mística de la feminidad, esa negación absoluta de la mujer como persona. Esa sola existencia por y para el hogar conyugal.
Hay una película basada en esa época que os animo a ver, se llama Pleasantville. Muestra un mundo en blanco y negro, y conforme las personas van descubriendo su individualidad y su plenitud van adquiriendo color. Os pego el enlace del tráiler: http://es.partigi.com/trailer-videos/pleasantville
En el capítulo del libro que he descrito al principio, se nombra a Marina Subirats, y casualidades de la vida es la conferenciante que tuve el placer de escuchar en las jornadas de igualdad de Alzira celebradas en febrero. Esta escritora escribió junto a Manuel Castells un libro titulado “Mujeres y hombres, ¿un amor imposible?”. Ella escribió el apartado sobre Los hombres y el otro autor el dedicado a Las mujeres.
Marina Subirats dijo en su conferencia, creo que ya lo he dicho por los foros, pero lo repito aquí para que lo lea la profesora, que cada vez hay más bibliografía dedicada al género masculino. Se está hablando mucho de las mujeres, pero la sociedad también se está planteando el papel de las nuevas masculinidades. Y que si algunas mujeres no entendemos la agresividad, o las pasiones que genera por ejemplo el futbol, debíamos comprender que éste había sustituido a las guerras antiguas y que servía de desahogo de la adrenalina masculina. ¡Y que no nos falte!, dijo.
Desgraciadamente el texto de Mercedes Alcañíz no nos habla de lo que escribió Marina en el libro que he nombrado. No lo he encontrado de momento. Pero buscándolo en la red de bibliotecas de la Generalitat he encontrado títulos tan sugerentes como estos: “El príncipe azul destiñe: ¿porqué hombres y mujeres insistimos en entendernos?”, o “Amar es sufrir: ni los hombres son imposibles, ni las mujeres incomprensibles”.
Dice Manuel Castells en el capítulo dedicado a Las mujeres del libro que he nombrado, que a pesar de los cambios en la vida de las mujeres, el patriarcado está vivito y coleando, que se manifiesta en las condiciones de desigualdad y de discriminación de muchos de los trabajos que realizan las mujeres ya que son más vulnerables al paro, cobran menos y sus oportunidades de promoción son menores. Además, al seguir realizando nuestros “roles de género”, surgen contradicciones en la organización de nuestro tiempo con consecuencias incluso para nuestra salud.
Castells considera que el cambio más importante en las mujeres ha sido la emergencia de una nueva conciencia autónoma e incluso una aceptación a regañadientes de dicha autonomía por parte de un buen número de hombres.
Y que es la existencia en las mentes de las mujeres de una conciencia de igualdad de derechos y autonomía lo que hace irreversible el proceso de cambio hacia una sociedad postpatriarcal, por dura y dolorosa que sea la transición
Esto nos demuestra que el mundo, la sociedad, está continuamente planteándose esa diferencia y esa igualdad. Es una paradoja, pero es dentro de esa diferencia entre hombres y mujeres donde hay que buscar verdadera igualdad. Igualdad de oportunidades, de derechos, de libertades. Igualdad material y no solo formal. Igualdad real. Porque las mujeres tampoco son un grupo homogéneo, ni los hombres tampoco. Somos razas distintas, personas y personalidades diferentes, somos individuales, pero debemos ser racionales y en ello debemos basar la tolerancia, la comprensión, la educación y creo que es en el control (que no la supresión porque sino seríamos robots) de nuestra irracionalidad, y de ciertas bajas pasiones y reacciones innatas donde está la clave de muchas de las calamidades que hay en el mundo.

ANNA CARBONELL PIQUERES 8 mayo de 2011

Curso 2010/2011