GÉNERO, TRADICIÓN Y PODER
En el mes de abril, Alcoi se envuelve de su festividad más importante y célebre, las fiestas de Moros y Cristianos en honor a San Jorge, fiestas de referencia obligada y declarada en 1980 de Interés Turístico Internacional. Tradición que se ha llevado a cabo desde hace aproximadamente 300 años, esta fiesta es “la simbólica representación festiva anual de unos hechos acaecidos en el siglo XIII, con los que Alcoi conmemora en honor a su patrón San Jorge, la victoria alcanzada en 1276, por su intercesión, contra el caudillo Al-Azraq” (Art. 13 del Estatuto de la Asociación de San Jorge “ASJ”). Las fiestas de Alcoi son su tarjeta de visita al exterior y su máxima seña de identidad hacia el interior, sin embargo, las fiestas de la ciudadanía alcoyana son realmente fiestas de los hombres alcoyanos, ya que las mujeres tienen vetada la participación con plenos derechos. Los medios de comunicación han sido testigos de la discriminación de las mujeres (en todas sus edades: http://www.ciudaddealcoy.com/La-fila-Verds-rechaza-el-ingreso_00391) en tan conocida celebración y han reflejado la controversia en sus páginas convirtiéndose en altavoces de las reivindicaciones anti-sexistas.

A finales de los años 80 las inquietudes participativas de las mujeres en las festividades fueron desplazadas por los festeros a los ballets. Mediante danzas, las mujeres embellecían el desfile de las representaciones rituales de los ejércitos que se dirigían hacia la batalla. Mientras que los hombres participan activamente en los eventos festivos durante todo el año, la intervención de las mujeres se encuentra limitada a los tres días oficiales de la festividad, o como se conoce en la jerga local durante la Trilogía Festera, y apenas algunos actos festivos. Los papeles desempeñados por las mujeres alcoyanas son secundarios y dependientes a los hombres de su familia. Siendo privadas de contribuir en la organización y en la toma de decisiones con respecto al rito. Antes del 2004 (en este año entró en vigor la Reforma de la Ordenanza de la Fiesta de la Asociación de San Jorge, la cual permite la entrada de la mujer en las fiestas portando adaptaciones femeninas de los trajes masculinos, pero sin poder gozar de los mismos derechos que tienen los festeros varones), las niñas y los niños alcoyanos participaban en el rito en igualdad, pero cuando las chicas llegaban a la adolescencia y los cuerpos se transformaban, los roles en las festividades también cambiaban. En ese momento las adolescentes alcoyanas debían elegir entre los dos roles que nos asignaban los festeros. Ellas podían quedarse en las aceras aplaudiendo a los novios, padres, hermanos, amigos, como espectadoras-animadoras o podían formar parte de los boatos que acompañaban a los cargos, como meros complementos ornamentales. Esta situación fue aceptada por toda la población, tanto masculina como femenina, ya que era “la tradición”.


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"Sal y disfruta, que nadie te lo impida" de Vicent Guill Fuster


Hace más de doce años que Nuria Martínez entró a formar parte como festera en la Fiesta de Moros y Cristianos de Alcoi. Desde ese momento la sociedad alcoyana, vive sumida en un conflicto social que divide la población en dos posiciones: la primera posición, integrada por la gran mayoría de la ciudadanía, defiende la ortodoxia y tradicionalidad de las festividades. Mientras que desde la segunda posición, se aboga por un cambio en las estructuras festivas para propiciar la participación plena de las mujeres en el rito.

En el conflicto varias han sido las estrategias utilizadas por cada bando para conseguir sus propósitos. Desde la posición progresista, abanderada por la Asociación Fonèvol, se han llevado a cabo diferentes estrategias de actuación, algunas ubicadas en el ámbito normativo y judicial, otras en el ámbito público y civil y finalmente otras en el ámbito de la educación. Desde la posición tradicionalista, encabezada por la Asociación de San Jorge y les Filaes (organizaciones encargadas del desarrollo y organización de las festividades), se crean e interpretan los códigos y creencias que rigen las festividades alcoyanas, otorgándose a sí mismos unas herramientas de poder muy potente dentro de la sociedad alcoyana.

¿Qué razones son las que nos ayudan, a llegar a comprender el conflicto social alcoyano y la fuerte oposición al cambio de la mayoría de la población alcoyana?

En 1998 Nuria Martínez desafió “la tradición” y entró a formar parte de las fiestas como festera. Mediante este acto, ella abrió la Caja de Pandora. Esta propuesta ha generado un grave conflicto dentro de la sociedad alcoyana: por un lado encontramos a los defensores de la tradición festera, entendida como inmanente e inmutable, y de otro, a los defensores del derecho de participación de toda la ciudadanía. Han pasado catorce años desde que Nuria cuestionara las normas asumidas en la sociedad alcoyana y aunque durante este periodo de tiempo se han producido algunos cambios en la práctica simbólica, todavía no se ha conseguido el objetivo final, es decir, alcanzar una participación igualitaria y plena.

La posible hipótesis que sustento es que el principal objetivo, la participación con igualdad de condiciones en las festividades alcoyanas para hombres y mujeres, amenaza el orden social y simbólico alcoyano, en base al cual se venía organizando el acceso a determinados privilegios sociales por parte de los hombres festeros. Por lo que la entrada de las mujeres en las festividades alcoyanas con iguales derechos que los hombres, supondría una ruptura de los modelos de género asignados y la necesidad de compartir las estructuras de poder y prestigio sociales. En conclusión, la feroz oposición desatada por la propuesta y objetivos de Fonèvol (la igualdad entre hombres y mujeres) nada tiene que ver con la alteración de la tradición o los cambios en las festividades, sino con los cambios en el sistema de género impuestos por los “actores masculinos socialmente dominantes” (Sherry b. Ortner y Harriet Whitehead; 1996:150), representados en el simbólico alcoyano por los festeros.

Diversos estudios de los rituales y festividades ha supuesto dentro de la antropología feminista un campo de gran interés y producción científica, ya que al formar parte del orden simbólico, estos “expresan las divisiones y jerarquías que utilizan los sistemas de dominación” (Carmen Gregorio Gil; 2002:113), pues tales rituales “son producciones sociales dirigidas a marcar las diferencias sexuales y genéricas” (Ibid.: 114). Por ello, el estudio de éstos es imprescindible para descifrar los entresijos de una cultura o sociedad. Se muestra como la representación del poder en las festividades vienen ejercida por los hombres, las mujeres pese a ostentar en algunos de estos ritos el protagonismo absoluto, éste no representa lo mismo que cuando el protagonismo es ejercido por un hombre. Es de observar, como el intento de algunas mujeres de conseguir parcelas de poder dentro de los ritos, origina feroces reacciones de oposición, generando así conflictos.

Entre la ciudadanía alcoyana reacia al cambio de las estructuras de prestigio de los géneros, una de las frases y comparaciones más recurrentes es “… desde mi punto de vista no me gusta una mujer ahí (refiriéndose a las mujeres con el traje oficial masculino) igual que no me gustaría ver a un hombre de Fallera Mayor, con la misma comparación no es machismo ni feminismo”. Pero la gran diferencia es que, en Valencia, parece que las mujeres ostentan el poder en el orden simbólico, ya que ellas son las que más visibilidad pública tienen, pero si se indaga con mayor profundidad se advierte que en las estructuras organizativas de las fiestas, ellas no juegan ningún papel pues, “reinan pero no gobiernan”.

Podría ser que, ¿las causas reales que subyacen al conflicto nada tienen que ver con la tradición, ni con los sentimientos, ni con la identidad comunitaria, como puede alegarse por los opositores a la entrada de la mujer en la festividad? Posiblemente, una de las razones eran las mimas personas que propugnan el cambio, ya que éstas, mediante su gesto, intentaban cambiar el orden de género establecido. Cada individuo ha/había asumido y aprendido desde su socialización primaria cuales eran los roles que les tocaba desempeñar en la sociedad y en consecuencia en las festividades, por lo que la propuesta de estar en igualdad de condiciones y derechos entre hombres y mujeres, iba a modificar los modelos de género hegemónicos motivando un fuerte rechazo por parte de la comunidad, que es lo que está sucediendo.

http://www.diarioinformacion.com/opinion/2012/04/22/apropiacion-indebida/1245963.html

¿Alguna cosa para acabar con este conflicto? La verdad es que han sido más bien pocos los esfuerzos por parte de la administración pública para acabar con dicho conflicto y llevar la normalización a la fiesta, unas fiestas en igualdad en derechos y participación. Los partidos políticos del Ayuntamiento de Alcoi se han posicionando en contra de la discriminación de la mujer en cualquier ámbito de la sociedad, aunque, justifican su pasividad alegando que la Asociación de San Jorge (ASJ) es una asociación de carácter privado y que el Ayuntamiento carece de competencias para actuar. Sin embargo, la realidad es muy distinta puesto que en los presupuestos económicos del Ayuntamiento existe una cuantiosa partida económica para la ASJ, destinada a la organización de las festividades locales.

Hubo una queja promovida ante el Síndic de Greuges de la Comunidad Valenciana (2004) donde la Institución, destaca en su documento que ni el Ayuntamiento ni la Asociación de San Jorge desmienten que las mujeres tienen limitaciones y dificultades parar participar en las fiestas. Que además,la ASJ tiene la plena autonomía para la organización de la fiesta, “bajo los auspicios y con el incondicional apoyo moral y material del Excelentísimo Ayuntamiento, fiel intérprete del sentir del pueblo alcoyano”. Que después de examinar los estatutos de la ASJ y de los distintos Reglamentos de Régimen Interior de las “Filaes”, se puede fácilmente comprobar, respecto al proceso de admisión, que no existe ningún precepto que impida o prohíba expresamente el ingreso de las mujeres como miembros de pleno derecho, es decir, la normativa es formalmente, o sobre el papel, ajustada a Derecho. El problema es que en el momento de la ejecución y aplicación material de dicha normativa, se producen “comportamientos”, por parte de los hombres integrantes de las “filaes”, que pueden ser considerados discriminatorios para las mujeres. Es decir, los miembros de pleno derecho de la ASJ y de las diferentes “Filaes” que tienen que avalar y aprobar el ingreso del nuevo aspirante a “individuo o fester”, así como decidir su participación en los actos oficiales de la Fiesta, son hombres, cuando una mujer plantea su deseo de pertenecer a una Fila e integrarse en la Fiesta en igualdad de condiciones que los hombres, se encuentra con muchísimas dificultades para conseguir, primero; el apoyo necesario para avalar su solicitud de ingreso y, después, el acuerdo favorable de la Junta o Asamblea Directiva.

Finalmente, el Ayuntamiento de Alcoy fue declarado por el Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo Valenciano) “hostil”, por “subvencionar y financiar las actividades de una asociación que obstruye la participación integral y plena de la mujer en las Fiestas de Moros y Cristianos”, y dictó una resolución a favor de la igualdad de las mujeres en las Fiestas de Moros y Cristianos. Pero, las resoluciones de este órgano no son vinculantes, por lo que el Ayuntamiento de Alcoy puede elegir acatarlas o no, el cual, hizo oídos sordos a esta recomendación.

Y para más inri, la aprobación en 2004 de la conocida como la ‘Ordenanza de la Discordia’, no ayuda absolutamente en nada a las mujeres. Una ordenanza donde se prohíben las formaciones mixtas, donde las “Filaes”, modificaron sus estatutos para “complicar” la entrada de las mujeres, asignado nuevos roles a las alcoyanas. A partir de esta reforma, las mujeres de la ciudad para participar en las festividades tienen que vestir un diseño que les estigmatiza como diferentes a los hombres que ni siquiera podrán elegir. Se trata de obstaculizar el acceso a las mujeres a las estructuras de prestigio y poder en las fiestas. Mediante esta reforma se han feminizado las festividades locales desde un punto de vista estético y no desde un punto de vista participativo. La integración de las mujeres en las festividades se legisla en base a los modelos de género popularmente aceptados, razón por la cual las mujeres siguen desempeñando papeles subsidiarios y secundarios, es decir, la Ordenanza sigue dejando a las mujeres alienadas en las aceras y dependientes de sus relaciones de parentesco con los hombres.

“La fiesta es para los hombres, y las mujeres, en la acera a aplaudir”. Queda claro que la persona que escuchó estas palabras en 1979 visibilizó, por primera vez, la desigual asignación de los papeles de las mujeres y los hombres en las fiestas locales.

Es la realidad, los hombres ejercen el control de las “Filaes” y de la ASJ, por la cual cosa no permiten que las mujeres que lo deseen puedan ingresar en ellas como “asociado, individuo o fester” y disfrutar de sus mismos derechos. Por lo tanto, se impide injustamente, que las mujeres puedan participar en igualdad de condiciones que los hombres en las fiestas patronales de su pueblo.

Por lo tanto, la gravedad del problema radica en la desigualdad existente entre los hombres y las mujeres en la celebración de la festividad y la consiguiente pasividad de los organismos públicos. No se pueden escudar algunos diciendo que la festividad es la representación de una batalla y las mujeres no iban a la guerra. Este problema es algo más profundo que pone en evidencia que se trata de conductas heredadas de la fuerte estructura patriarcal que ha vivido España hasta hace 50 años.

Hay que normalizar el papel de la mujer en la fiesta sin enfrentamientos, ni medidas traumáticas, tratando de resolver el problema desde una postura dialogante y conciliadora, pero ejerciendo una defensa firme de sus derechos como ciudadanos y ciudadanas. E independientemente de cuál sea el grado de implicación de las diferentes administraciones públicas en la organización y articulación del evento festivo, no cabe duda de que todos los poderes públicos están obligados por el artículo 9.2 de la Constitución a remover los obstáculos que impiden que la igualdad sea real y efectiva. Debemos tener presente que los derechos de las mujeres están amparados por la Constitución Española, el Estatuto de Autonomía, el Tratado de Ámsterdam, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para igualdad efectiva de mujeres y hombres. Y aunque las “Filaes” son entidades privadas, también son el único medio para participar en las fiestas del pueblo de Alcoy y por eso hay un derecho innegable que asiste a las mujeres a participar en igualdad con sus conciudadanos varones. Es obligación de los poderes públicos eliminar los obstáculos para que la igualdad sea efectiva; los agentes políticos, sociales e institucionales son las vías de diálogo con el fin de restaurar la armonía social, de manera que se pueda establecer medidas y plazos para garantizar la igualdad de los derechos.

En el siglo XXI pienso que la integración de la mujer en la Fiesta es fácil: nada más debe cambiar la actitud de los dirigentes de la fiesta. Las fiestas del pueblo son patrimonio de todo el mundo, no solo de una minoría privilegiada: los hombres.

En la fiesta como en todo en esta vida, cada uno tiene el derecho de decidir hasta que punto quiere implicarse en cualquier ámbito. Creo que debería dejarse a cada mujer decidir cómo y hasta qué punto desea participar en nuestras fiestas, sin más restricción que su propia voluntad.


Sara Mejías