LA MUJER EN EL EJERCITO ESPAÑOL

Si echamos la vista a tras y como se suele decir mi tatarabuela levantara la cabeza, quedaría anonadada al ver todos los progresos que ha conseguido la mujer a lo largo de la historia, siempre vistos desde su perspectiva del siglo XIX, pero para nosotras en pleno siglo XXI estos progresos no son tantos.

Es cierto que nuestra sociedad ha avanzado si la comparamos con otras épocas, pero con tantos adelantos, con tanta tecnología y con tanto modernismo, parece que era ya el momento que esa idílica igualdad fuera una realidad.

Un avance importante dentro del proceso social de igualdad de género en nuestro país lo podemos encontrar en la incorporación de las mujeres a las fuerzas armadas, el ejercito español ha experimentado una profunda transformación en cuanto a su composición. Esta incorporación de mujeres en el ejercito en España se realizó en el año 1988 con la admisión de Patricia Ortega, hoy Teniente Coronel, en ese momento se consiguió abrir una brecha en uno de los sistemas organizativos más tradicionales y anquilosados y totalmente en poder de los hombres, desde entonces hasta ahora se han ido realizando cambios para lograr la integración de la mujer dentro de los complejos mecanismos de las FAS.

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No ha sido fácil, ha supuesto un cambio en las infraestructuras, los cuarteles han tenido que cambiar su aspecto para ubicar dormitorios de hombres y mujeres, baños independientes, y en buques y submarinos ha ocurrido lo mismo, todo esto ha repercutido en unos costes económicos, pero mucho más difícil ha sido la evolución en la mentalidad de muchos mandos acostumbrados solo a “batallar con hombres”, otros cambios introducidos han afectado a las normativas o a las pruebas físicas de acceso y a un largo etc. de pequeños y grandes detalles que van haciendo que poco a poco la mujer vaya consiguiendo ocupar su lugar en el ejercito.

Como ayuda legal se ha contado por ejemplo con la Ley 39/2007 de 19 de noviembre sobre la carrera militar, la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres y con la creación de organismos como el Comité de Perspectiva de Género de la OTAN, el Observatorio Militar para la Igualdad de Género o la Unidad de Igualdad del Ministerio de Defensa.

Pero incluso hoy en día con todos estos cambios y el apoyo de las leyes, el 88% de los miembros del ejército son hombres, por mucho que insistamos que las cosas han cambiado, si consideramos escaso el 20% de mujeres directivas en España, aún es menor el porcentaje de mujeres en el ejército, y ya ni hablamos de puestos en mandos.

Es cierto que en España legalmente, las mujeres militares pueden acceder a cualquier unidad, pueden arreglar helicópteros, tanques, pilotar aviones, entrar en la legión, pertenecer al cuerpo de asesores legales militares o patrullar en los blindados por Irak, pero no es todo lo igualitario que ellas quisieran el irse introduciendo en puestos decisivos y de peso.

No ha sido fácil el camino para estas mujeres que un día decidieron entrar en un espacio que se consideraba exclusivo de los hombres, en estos escasos 24 años se han encontrado con muchas barreras, con muchas puertas cerradas, con muchas zancadillas en su camino, sobre todo al principio, sabiendo que no las querían allí. Sus propias familias y amigos no entendían a estas mujeres decididas a formar parte del ejército, los inconvenientes surgían por todas partes, externa e internamente. Pero poco a poco han ido consiguiendo que no se las mire mal, ya no está mal visto que una mujer ingrese en el ejército, sus compañeros las admiten como iguales en la mayoría de los casos y la sociedad en general ya no se asombra de ver un ejercito compuesto de hombres y mujeres.

Como hemos dicho el ejercito ha tenido que ir cambiando paulatinamente sus infraestructuras, pero lo que es más importante la mentalidad de sus componentes, esos supuestos hombres duros, legionarios, militares con mucha tradición, y hacer hueco a otra perspectiva, a otro grupo: compañeras, que valen tanto como ellos y que pueden realizar las mismas funciones que ellos, es posible que por su distinta constitución no todas ellas tengan una gran fuerza física, pero tampoco todos ellos la tienen y cada uno o cada una puede encontrar su lugar en las Fuerzas Armadas.

Pero todavía queda una gran lucha, cada año se incorporan más mujeres en puestos de tropa, pero qué ocurre con los puestos de mandos, por qué no hay más mujeres en los puestos principales, está claro que aquellas mujeres que han decidido vivir con esta profesión, no lo han hecho por ser una forma de vida fácil, porque además de las dificultades que conlleva este trabajo en si mismo, se encuentran con el valor añadido de su condición de mujer.

Alicia Romero Prados