Es lamentable la imagen patriarcal de Dios y sus consecuencias para las mujeres en todas las religiones. Si Dios es un hombre, entonces el hombre es Dios y la mujer le debe sumisión y obediencia. Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres, que son las grandes olvidadas y perdedoras.
San Agustín afirmó que la inferioridad de la mujer pertenece al orden natural; Tomás de Aquino la define como un "varón imperfecto"; Lutero habla de las mujeres como inferiores de mente y cuerpo por haber caído en la tentación, y el actual arzobispo de Granada ha argumentado que "el hombre está hecho para el altar y las mujeres para parir". A pesar de todo esto las mujeres son las más fieles seguidoras de las religiones, las mejores transmisoras de las creencias y las que muchas veces reproducen el mismo patriarcado que las somete.
En el mundo de la religión se dan situaciones inamovibles como en la religión católica, donde solo los hombres pueden ser sacerdotes, o en el Islam imanes o en el judaísmo ortodoxo donde solo los hombres pueden ser rabinos. Pero ni los textos sagrados ni algunas tradiciones justifican esa marginación.
El teólogo Juan José Tamayo ha dibujado un panorama desolador sobre la relación mujer y religión, pero se mostró optimista porque, dijo, "ha surgido una nueva forma de pensar y de reformular las creencias y las prácticas religiosas". Se refería a la teología feminista. Según el director de la cátedra de Religiones de la Universidad Carlos III, en la teología feminista las religiones podrían encontrar una salida a una crisis que no cesa. "En el siglo XX las religiones perdieron a la clase obrera porque se colocaron del lado de los patronos y condenaron las revoluciones que luchaban por una sociedad más justa; en el siglo XX perdieron a los jóvenes y a los intelectuales por posiciones filosóficas y culturales integristas y antimodernas, y si continúan por la senda patriarcal, en este siglo XXI perderán a las mujeres", afirmó.
Yolanda Peinado López.


Curso 2010/2011